Si nos remitimos al R.A.E. nos lo define así, por tanto nos tenemos que dar cuenta que el tiempo que empleamos en el discurrir de nuestros actos diarios no es perpetuo, continuo, sino efímero.
Una vez que somos conscientes de ello, tendremos una nueva o mejor forma de afrontar los problemas cotidianos. Evitaremos enfrentamientos sin sentido, pugnas estériles, etc. buscando el encuentro, la concordia en todos y cada uno de los actos a los que nos enfrentamos día a día.







